Se nos va la eternidad corriendo
en el maratón de la vida,
sin darnos cuenta de nuestra cojera
y cuando llegamos a la vejez
entramos en cólera
por el tiempo perdido
¡Maldita ceguera!
Nos quedamos sordos
del oído izquierdo
mientras la vida canta
y ya no podemos bailarla
porque no escuchamos su ritmo.
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