Don Cigarro tiene una chimenea
de cenizas viejas.
Al soplar en ellas…
invade la atmósfera del cuerpo,
llenando de nicotina y alquitrán
los alvéolos.
Los cimientos de los pulmones
se precipitan,
caen,
revientan…
Y en la inmensa polvareda,
Don Cigarro, sin inmutarse,
sigue esnifando cenizas viejas.
Comentarios
Publicar un comentario