Por mucho
que llore, grite o muerda…,
el orgasmo sigue roto,
no despierta.
Por mucho que chille,
me quede sin voz
o me cague en sus muelas…
el orgasmo ya no es orgasmo,
tiene la sensibilidad de una piedra.
Por mucho que vocifere,
él no vocifera.
Por más que lo intente
se quedó en la espera,
solo espero que algún día vuelva.
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