Tiene un corazón anciano
y un cuerpo viejo,
pero el espíritu joven
y el alma naciendo.
Desde la silla sonríe
mirando al cielo.
Sus invisibles alas planean
un arcoíris que no veo,
sus ojos de unicornio se encienden
y los míos, se contagian de su fuego.
Todo queda escrito en su rostro,
no hay más que pararse a leerlo.
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