V- EN LA CIUDAD
Un tubo de escape.
Millones de tubos de escape.
En el aire, polución.
En los ojos, niebla pegajosa.
La mirada de un gris roto
se volvió negro tizón,
se ahogó en su propio iris.
El oído ensordeció,
los acúfenos
se enquistaron en el tímpano;
ya no volvió a escuchar
el latido de la tierra.
No sintió su latencia.
No recuperó su paz.
Ahogada en su respiración,
no despertó.
¿Resucitará?
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