Jugando con Oxígeno a las escondidas,
conectó la respiración al silencio
entrando en modo curación.
La calma filtró el cuerpo de paz y sosiego.
Empapó el campo de músculos,
el de tendones y el de nervios.
Regó la red neuronal, el pulmón
y el motor del pecho.
Para la hora del conticinio,
ya había conciliado el sueño
sobre un mullido lecho.
La despertó el gallo
con un picotazo certero,
directo al oído izquierdo.
Amaneció en una nueva aurora,
en la cual, agradecerá otro día más.
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