Tengo que ser sincera,
me presento
como la única culpable
del desorden
adentro de mi cuerpo.
El miedo desató la tormenta
más brava en mi playa,
sus olas barrieron
hasta la arena
y la mismísima agua salada.
Tengo que ser valiente,
y pasear sin arena
por su costa desierta.
No es lo mismo,
el terreno es yermo,
seco y agreste, pero
no puedo tirar la toalla
en el terreno baldío.
¡No! ¡No la tiro!
Voy a llorar un río,
hasta conseguir un remanso,
una balsa dulce
con una orilla de guijarros húmedos
donde acostar mi toalla.
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