La estancia se inunda de tranquilidad, paz y ternura.
La oscuridad y el silencio logran un remanso dulce de felicidad.
Impregnada en su aroma, voy relajando la mente.
Una hora sin electricidad,
sin ruido, en calma,
respirando oscuridad y silencio.
Disfrutando del suave balanceo
frente a la chimenea,
con los pies calentitos
en las ascuas del brasero
a la luz de una vela.
Recuerdos…
de los primeros años de infancia
entre candiles,
tinieblas,
mecedora,
silencio
y ternura.
Potente medicina de paz.
Tranquila, profunda,
provocadora y atrayente.
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