¿Qué demonios estoy contemplando? El amanecer golpea mis ojos sin piedad. Éstos se resisten, pero son violados igualmente por la penetrante claridad. ¡Casi es mediodía! Me impregna un temblor raro y un sudor de pálpito. Hasta el alma se me estremece. Un halo espectral traspasa mi pecho, no noto nada, solo esa maldita sensación paralizante. No recuerdo que he soñado y lo mismo, ese sueño, es el culpable de esta percepción espeluznante que ametralla mi médula, como un mal orgasmo. No puedo moverme, estoy colapsada. Decido dar un paseo por el campo, eso me despejará. La caminata relajará los músculos agarrotados y respirar aire puro calmará mi mente inquieta y sobresaltada. Desayuno fuerte, en vez de almorzar, cojo mi botella de Tupperware, la enfundo en la riñonera y me aventuro entre los nocivos rayos uva del mediodía. Aunque lo parezca, no estoy loca. Me embadurno con protección solar y cerrando la puerta tras mis pasos, le doy caña a mis piernas, pues necesito evadir...