Cincuenta y siete.
Cincuenta…
y siete…
Cinco…
Siete…
57…
Compañero 57,
que poco me ayudas.
Échame una mano,
una mano que sujete
fuerte la fe,
un tironcito que levante
el ánimo,
un empujoncito que me arranque
de la procrastinación,
un abrazo que (me) desarme
la cabeza y de la cabeza
arranque el dolor.
Estás triste 57,
o más bien cansado
y me contagias la tristeza
y el cansancio…
¡Deja de llorar 57!
57,
convídame a una carcajada
con sonrisa incluida,
una que desmonte la película
de mi cabeza
y comience a crear realidad,
una que me dé comodidad
con un poquito de incomodidad,
una que me haga fuerte
y me deje respirar.
Una que resista la adversidad
y baile con el destino.
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