Me gusta dominar mi cuerpo,
dormirlo, despertarlo
y ponerlo en forma.
Y, en este punto de mi vida,
es él, quien me domina.
Me quedo callada,
pensando cómo derrotarlo.
Buscando una salida,
una solución.
Y… tal vez
no se trate de victoria,
si no de cogerme de su brazo
y brindarle mi amistad,
sin juzgar.
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