Imagino cómo habrán sido veinte y cinco años juntos, codo con codo forjando familia. Veinte y cinco años compartiendo... almendras dulces y amargas, chuscos de pan duro y tierno, vino alegre y buchitos de vinagre, sudor rancio, babas calientes y ronquidos, mal aliento, pedos y pelos rizados. Veinte y cinco años lleváis, que ya son muchos años, comiendo de la misma cuchara y todavía no se ha gastado. ¡Qué buena cuchara! ¡Mirad por ella! ¡Mimadla!